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Gods and Dogs Jiri Kylián

Coreografía : Jiri Kylián
Musica: Dirk Haubrich (composición), Jirí Kylián (concepto); Ludwig van Beethoven, String Quartet Opus 18, Nr. 1 in F-major, Movement I, Allegro con brio and Movement II, Adagio affettuoso ed appassionato.
Diseño vestuario: Joke Visser
Escenografía: Jiri Kylián
Diseño iluminación: Kees Tjebbes
Proyección por ordenador: Tatsuo Unemi, Daniel Bisig
Registro de video: Rob de Groot
Video: Dick Schuttel
Duración: 24 minutos
Asistente de coreógrafo: Urtzi Aranburu
 
Estrenado por el Nederlands Dans Theater 2, el 13 de noviembre de 2008, Lucent Danstheater, La Haya.
 
El individuo enfrentándose a la realidad y a sus intentos de dominar o evitar las dificultades es uno de los temas claves en el trabajo de Jiri Kylian. Gods and Dogs (2008)  explora este mismo proceso de pensamiento reflexionando sobre la forma en la que vestimos y los motivos subyacentes que nos hacen elegir entre un tipo de ropa u otro. Pasamos toda nuestra vida usando ropa como máscaras, intercambiándola o cambiándola dependiendo de las circunstancias y de la manera en que los otros nos ven. Aquí otra vez, el espectador puede sentir la fascinación de Jiry Kylian por el comportamiento del individuo intentando encontrar su lugar en una sociedad formada por fronteras borrosas.
"Sobre ropa, vestuario y vendas, nacemos desnudos - sin protección para enfrentarnos a la vida Nuestra primera experiencia en ropa son los pañales (si tenemos suerte).
Más tarde, nos vestimos con lo que nos den, nos obliguen, o hayamos heredado de hermanos mayores. 
Nos protegen del sol y del frío y cubren nuestra desnudez.
Más tarde en la vida, tratamos de influir en la forma en que nuestro cuerpo está cubierto con súplicas y gritos, para convencer a nuestros padres o padres adoptivos, para proporcionarnos ropa, que nos ayudará a tener más confianza en nosotros mismos. O por lo menos nos confieran dignidad, proporcionándonos un cierto respeto ante el círculo altamente crítico y despiadado y de los niños que nos rodean.
Más adelante, cuando ya podemos financiarnos nuestra propia ropa, nos enfrentamos a más dificultades, ya que debemos empezar a tomar nuestras propias decisiones, y empezamos a entender, que al cubrir nuestro cuerpo de diferentes maneras, podemos mejorar o incluso cambiar nuestra personalidad, y haciendo eso también podemos cambiar nuestra posición dentro de la sociedad en la que vivimos.
Desafortunadamente, no estamos lo suficientemente preparados para hacer frente a estos desafíos. Todo esto se convierte en una empresa muy interesante, pero a menudo incierta. Somos fácilmente seducidos por las tendencias y la moda, influenciados por los amigos, las parejas y la familia, o por cumplir las reglas de religiones, creencias, orientación sexual y otras convicciones. A lo largo de nuestras vidas, nos encontraremos con la enfermedad (mental o física), y tendremos que vestir nuestras heridas vitales. Cuando nuestro cuerpo (físico o espiritual) no pueda soportar nuestra rutina diaria, necesitaremos ropa que nos permita hacerlo.Las prendas (todo tipo de soportes, vendajes, pañales para ancianos, etc.) que nos ponemos siempre que estamos enfermos, heridos o discapacitados, muestran a todos, que somos vulnerables. Una presa fácil, fácil de alcanzar, o ser blanco de un ataque. Pero este estado de vulnerabilidad también podría crear una circunstancia más inusual bajo la cual esa prenda represente un cierto tipo de "estigma" o algún tipo de valor "simbólico". Elevándonos a terrenos espirituales más elevados (el manto de Jesús, el sudario de Gandhi o las prendas de ropa que los peregrinos usaban en sus viajes...).
A los bailarines les encanta vestirse con ropa vieja. Es de gran importancia psicológica su atuendo del día a día y tiene mucho que ver con supersticiones personales. Por muy casual que puedan parecer sus prendas, el conjunto nunca es cosa del azar. Dichas prendas esconden o revelan tanto su cuerpo como su estado mental, físico o mental.
Dentro de la comunidad de artistas, los bailarines siempre parecen ser los más sanos, tanto física como mentalmente; nada más lejos de la verdad. Comprados con los compañeros de cualquier otro ámbito artístico, los bailarines son más propensos a sufrir lesiones—tanto físicas, como mentales o emocionales—puesto que están obligados a exhibir su propio cuerpo como si fuera una obra de arte. 
Seguro que no desvelo ningún secreto cuando digo que ninguno de nosotros nace perfecto. Heredemos fuerza y resistencia; pero también heredemos nuestras debilidades, y nuestra capacidad mental, con todas sus lagunas. Es inevitable que nuestra armadura emocional desvele sus grietas. Pero todos tenemos que convivir con nuestra herencia, desde el momento que emitimos nuestro primer grito hasta el silencio.En el transcurso de nuestras vidas los giros y vaivenes psicológicos —bien heredados, bien adquiridos—, así como la enfermedad, se convertirán finalmente en nuestros constantes compañeros. De repente, después de haberse llenado los pulmones de tanta vida, de inspirarse por tanta aventura, de embriagarse de tanto vivir, de repente, nos declaran enfermos, trastornados o disfuncionales.
Y es esta frontera que me fascina; la que se traza entre “lo normal y la locura”, entre “la salud y la enfermedad”, así como las normas que determinan lo que está de un lado o del otro.
El diagnóstico puede darse en cualquier momento de nuestras vidas. ¿Pero cuándo ocurre el verdadero momento en el que pasamos al otro lado de la frontera invisible entre la locura o la enfermedad? ¿Y quién será el Determinador …?
Me es evidente que no soy ni la primera ni la última persona que planteará estas preguntas y, además, creo que cada generación emergente debe de volver a examinar y definir las fronteras y los umbrales de la locura y la enfermedad.
Dejando a un lado las fronteras entre estas condiciones humanas y las características que definen cada lado, lo que parece estar fuera de toda duda es que no se puede conseguir ningún avance de calado sin la ayuda de una dosis sana de locura."



Jiří Kylián - November 2008