La Compañía Nacional de Danza en el Granada.

La Compañía Nacional de Danza de España hace su debut en Santa Bárbara.

Martes, 4 de mayo de 2010

Por Elizabeth Schwyzer (Contactar)

Todo lo bueno se acaba o eso parece en el caso de Nacho Duato. Tras dos décadas al timón de la Compañía Nacional de Danza, al coreógrafo le están pidiendo que abandone su puesto. De ahí que la primera visita a Santa Bárbara de la Compañía Nacional de Danza resultara tan emotiva, pues aunaba obertura y gran final.

La promotora cultural Arts & Lectures ha presentado dos veces en los últimos años a la compañía “junior” de Duato, CND2, pero nada podría haber preparado a la audiencia para el nivel de destreza artística y técnica demostrado por su compañía principal. Desde los momentos iniciales del Arenal de Duato de 1988, con influencias de la primera danza contemporánea, a la escena final de la cautivadora y rompedora Cobalto, el año pasado, los artistas de Duato confirman la afirmación de Albert Einstein según la cual, “los bailarines son los atletas de Dios”. Tan sinuosos como caballos de carreras, mostraron su verdadero poder tan pronto como se alzó el telón, manteniendo esa intensidad hasta el final, consiguiendo así un equilibrio sumamente bello entre el salvaje abandono y la precisión controlada.

El programa consistía en una guía cronológica a través de la carrera de Duato, comenzando con Arenal, una interpretación española de danza contemporánea norteamericana. En ella, una solista femenina se enfrenta a un coro de movimiento festivo, mientras que el suyo es de lamento. Mujeres con falda y manga larga ondean sus brazos dibujando elegantes curvas abiertas y saltan con marcadas contorsiones; hombres con chaleco flexionan las manos y describen rápidos y cautivadores arabescos. Entre el vestuario anticuado y el decorado primitivo, Arenal constituye una vuelta a las primeras obras de Martha Graham, a las que hay que añadir el espíritu mediterráneo que dimana y el gemido de las canciones de Baleares de la vocalista María del Mar Bonet.

Castrati, de 2002, exhibe los talentos de los bailarines masculinos de la CND. Portando túnicas largas y negras, conforman un oscuro grupo de illuminati que se ciernen sobre un único e indefenso hombre. Los bailarines de formación clásica se ven relegados demasiado a menudo al levantamiento de peso y a fugaces momentos de explosión. Pues éste no es el caso. La coreografía hace alarde de su gran flexibilidad y de la maestría de toda la extensión de movimientos, que van de lo sutil a lo explosivo.

i Arenal y Castrati cautivaron a la audiencia con un incomparable dinamismo y dramatismo, Cobalto ofrece una perspectiva distinta, desafiando a los espectadores mediante escenas apremiantes y eróticas. A pesar de la bailarina en topless y las referencias explícitas al bondage, en esta pieza nada llega a ser pornográfico. En su lugar, Duato juega con las expectativas del público, incitando su imaginación valiéndose del poder de la sugestión. El efecto no resulta cómodo, unos alaridos electrónicos y una fuerte iluminación aumentan la tensión, no obstante, la maestría con la que se utiliza el unísono y el canon, temas de movimiento repetido y el foco dramático, señalan la obra como parte del mismo linaje de la CND. Puede que Cobalto llevara las cosas un poco demasiado lejos para el gusto español, pero el mundo de la danza no ha visto lo último de Duato.

 

 

Crítica/Excerpt, Santa Bárbara. EEUU